Para poder vivir no se necesita mucho. Tenemos sólo unas pocas cosas necesarias: comida, ropa y un techo.Pero nos complicamos con un sin fin de cosas que anhelamos tener.
Está bien querer alguna otra cosa o comodidad. Lo que está mal es matarnos por tenerlo o creer que lo material nos va a dar verdadera felicidad. Entonces nos volvemos esclavos de las cosas materiales y hasta de las personas que nos ayudan o nos dan el trabajo para poder comprarlas. Pero cuando las vemos como simples cosas que podemos vivir sin ellas, ya somos libres. Si las poseemos bien y sino también. Nadie nos va a quitar el sueño o nos va a obligar a estar o hacer algo que no queremos. ¡Somos libres!
He aquí la cuestión…al tener ése sentimiento de libertad, nadie nos va a obligar a nada. Porque todos somos iguales. Y valemos un montón. No importa si eres rico o pobre. Porque éso no es lo más importante. Porque cada uno es rico o abundante en su medida y la riqueza no sólo se mide materialmente. Y la felicidad no se mide así, sino en el estado espiritual de cada uno. El sentirnos satisfechos y agradecidos por la vida y el amor ágape con la que la vivamos. Ese sentimiento nos empodera de una manera que nos da las fuerzas y las ganas de ir por todo sin miedo a nada. Al sentir la libertad aprendemos a amar desinteresadamente. Simplemente somos y nos sale de adentro el amor sin pedir nada.
Ésa gran palabra «amor» que muchos han olvidado hoy. Si será fácil ser feliz que hasta nos emocionamos con pequeñas cosas…
He aquí un fragmento de mi libro. Ése que lo tengo en el debe pero que quiero poder terminar pronto. Espero que les guste y los empuje un poquito en éste día.