¿Tus emociones están dirigiendo tu vida sin que te des cuenta?


¿Alguna vez te pasó que sabías perfectamente lo que tenías que hacer, pero emocionalmente no podías hacerlo?

Sabías que tenías que tomar una decisión.

Sabías que necesitabas poner un límite.

Sabías que debías empezar ese proyecto.

Sabías que querías cambiar algo de tu vida.

Pero aparecía el miedo.

La inseguridad.

La tristeza.

La culpa.

El enojo.

Y, de repente, aquello que parecía tan sencillo se volvía enorme.

Tu mente encontraba mil razones para esperar.

«Mejor después.»

«No es el momento.»

«Seguro no voy a poder.»

«¿Y si me equivoco?»

«Ya lo intenté una vez y no funcionó.»

Entonces te preguntas:

¿Por qué sé lo que quiero hacer, pero no consigo hacerlo?

Una parte de la respuesta puede estar en tus emociones.

Tus emociones no son tus enemigas

Durante mucho tiempo podemos pensar que sentir miedo, tristeza, enojo o inseguridad es algo que deberíamos evitar.

Queremos sentirnos bien todo el tiempo.

Queremos ser fuertes.

Queremos controlar lo que nos pasa.

Pero las emociones no aparecen para molestarnos.

Son información.

Nos hablan de lo que estamos viviendo, de lo que necesitamos y, muchas veces, de experiencias que todavía tienen algún peso dentro de nosotras.

El problema no es sentir.

El problema aparece cuando una emoción intensa toma el volante y nosotras dejamos de preguntarnos qué está ocurriendo.

Puedes sentir miedo y aun así avanzar.

Puedes sentir tristeza y aun así tomar una buena decisión.

Puedes sentir enojo y elegir no reaccionar impulsivamente.

Puedes sentir inseguridad y dar el primer paso.

No necesitas dejar de sentir para comenzar a transformar tu vida.

Necesitas aprender a escucharte.

Cuando el pasado se mete en el presente

Nuestro pasado deja huellas.

Una relación que terminó mal puede hacer que desconfíes de una nueva persona.

Una crítica que escuchaste durante años puede hacerte sentir que nunca eres suficientemente buena.

Un fracaso puede hacerte pensar que no tienes capacidad.

Una experiencia dolorosa puede hacer que estés siempre esperando que vuelva a suceder.

Y entonces ocurre algo curioso.

Vives una situación en el presente, pero tu reacción puede estar relacionada también con algo que ocurrió en el pasado.

Imagina, por ejemplo, a una mujer que sufrió una infidelidad.

Tiempo después comienza una nueva relación.

Un día nota que su pareja está más distante de lo habitual.

Quizás está cansado.

Quizás tuvo un día difícil.

Quizás simplemente está preocupado por otra cosa.

Pero dentro de ella aparece inmediatamente una alarma:

«Seguro está pasando algo.»

«Ya me está engañando.»

«Esta vez no voy a permitir que me tomen por tonta.»

Y antes de tener una conversación, antes de preguntar, antes de comprobar qué está ocurriendo, su mente ya construyó una historia.

¿Significa esto que sus sentimientos no son válidos?

No.

Su miedo es real.

Su inseguridad es real.

El dolor que vivió también fue real.

Pero una emoción real no siempre significa que la interpretación que hacemos de una situación sea correcta.

Y ahí existe una diferencia enorme.

Antes de reaccionar, pregúntate qué está pasando realmente

Cuando aparezca una emoción muy intensa, intenta hacer una pequeña pausa.

No tienes que resolverlo todo inmediatamente.

Respira.

Y pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo?

Después:

¿Qué situación provocó esta emoción?

Y luego:

¿Estoy reaccionando solamente a lo que está sucediendo ahora o también estoy reaccionando a algo que viví antes?

Esta última pregunta puede abrir una puerta enorme hacia el autoconocimiento.

Porque quizás descubras que no estás exagerando.

Quizás simplemente estás herida.

Y reconocerlo cambia completamente la manera de tratarte.

En lugar de decir:

«¿Por qué soy tan insegura?»

puedes comenzar a decir:

«Hay algo que todavía me duele y necesito comprenderlo.»

En lugar de:

«Siempre arruino todo.»

puedes preguntarte:

«¿Qué miedo está apareciendo detrás de esta reacción?»

En lugar de:

«No puedo hacerlo.»

puedes preguntarte:

«¿Realmente no puedo o tengo miedo de volver a fracasar?»

La pregunta cambia.

Y cuando cambia la pregunta, también puede cambiar la respuesta.

Tus emociones pueden influir en tus decisiones

Piensa en todas las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida.

Elegimos trabajos.

Parejas.

Amistades.

Proyectos.

Lugares donde vivir.

Cosas que queremos aprender.

Cosas que dejamos de intentar.

Y muchas veces nuestras emociones participan en esas decisiones.

El miedo puede hacer que no aproveches una oportunidad.

La culpa puede hacer que pongas siempre las necesidades de otros por encima de las tuyas.

La inseguridad puede hacer que aceptes menos de lo que mereces.

El enojo puede llevarte a reaccionar de una manera que después lamentas.

La tristeza puede hacer que pierdas las ganas de intentar.

Pero también existen emociones que pueden ayudarte.

La ilusión puede impulsarte.

El amor puede acercarte.

La esperanza puede hacerte continuar.

La satisfacción puede mostrarte que estás avanzando.

La calma puede ayudarte a tomar mejores decisiones.

Por eso no se trata de controlar todas tus emociones.

Se trata de conocerte lo suficiente como para no dejar que una emoción momentánea decida toda tu vida por ti.

Conocerte cambia la relación que tienes contigo

Cuando empiezas a reconocer tus emociones, también empiezas a conocerte.

Descubres qué situaciones te afectan.

Qué cosas te generan miedo.

Qué límites necesitas poner.

Qué personas te hacen bien.

Qué heridas todavía necesitan atención.

Qué sueños has dejado de lado.

Y también descubres algo muy importante:

que puedes aprender a responder de una manera diferente.

Quizás antes reaccionabas inmediatamente.

Ahora puedes detenerte.

Quizás antes aceptabas todo para evitar conflictos.

Ahora puedes decir «no».

Quizás antes abandonabas tus proyectos cuando aparecía el miedo.

Ahora puedes avanzar aunque tengas miedo.

Quizás antes creías que sentirte insegura significaba que no eras capaz.

Ahora entiendes que puedes sentir inseguridad y aun así intentarlo.

Eso también es crecimiento personal.

No convertirte en una mujer que nunca tiene miedo.

Sino convertirte en una mujer que aprende a caminar incluso cuando lo siente.

No necesitas luchar contra ti misma

Tal vez llevas mucho tiempo intentando cambiarte.

Intentando ser menos sensible.

Menos insegura.

Más fuerte.

Más organizada.

Más tranquila.

Más paciente.

Pero quizás el camino no sea luchar constantemente contra la mujer que eres.

Quizás el camino sea empezar a comprenderla.

Preguntarte:

¿Qué me está queriendo decir esta emoción?

¿Qué necesito?

¿Qué parte de mi historia está tocando esto que estoy viviendo hoy?

Y, sobre todo:

¿Cómo puedo acompañarme en lugar de castigarme?

Porque aprender a conocerte no significa justificar todas tus reacciones.

Significa entenderlas para poder elegir qué hacer con ellas.

Y ahí aparece algo maravilloso:

la libertad de responder en lugar de simplemente reaccionar.

🌸 Un minuto para ti

Hoy quiero regalarte un pequeño ejercicio.

Busca un lugar tranquilo y piensa en una situación que últimamente haya despertado en ti una emoción intensa.

Puede ser miedo, enojo, tristeza, culpa, ansiedad o inseguridad.

Ahora pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué situación está despertando esta emoción?

¿Esta reacción pertenece solamente a lo que está pasando hoy o también está relacionada con algo que viví antes?

Y finalmente:

¿Qué necesito en este momento?

No intentes juzgarte.

No te digas que «no deberías sentir eso».

Solo escúchate.

A veces, comenzar a hacernos las preguntas correctas ya es una forma de empezar a conocernos.

Una pequeña práctica para empezar

Durante los próximos días, cuando aparezca una emoción intensa, intenta hacer una pausa antes de reaccionar.

Puedes recordar estas cuatro palabras:

PARA. RESPIRA. OBSERVA. ELIGE.

Para: no respondas inmediatamente.

Respira: permite que tu cuerpo tenga unos segundos para calmarse.

Observa: identifica qué estás sintiendo y qué pudo desencadenarlo.

Elige: decide qué quieres hacer con eso.

No siempre podrás hacerlo.

Habrá días en los que reaccionarás como siempre.

Y está bien.

No conviertas el autoconocimiento en otra forma de exigirte perfección.

Cada vez que logres detenerte aunque sea unos segundos antes de reaccionar, ya estás aprendiendo algo nuevo sobre ti.

Tu pasado explica muchas cosas, pero no tiene que dirigir tu futuro

Hay experiencias que no podemos cambiar.

Personas que nos hicieron daño.

Decisiones que hoy haríamos diferente.

Errores.

Pérdidas.

Desilusiones.

Momentos en los que no supimos cómo actuar.

Todo eso forma parte de nuestra historia.

Pero hay algo que sí podemos comenzar a cambiar:

la manera en que elegimos vivir el presente.

Lo que te pasó puede explicar algunas de tus reacciones.

Puede ayudarte a comprender por qué ciertas situaciones te duelen más que otras.

Pero no tiene por qué decidir todas tus próximas decisiones.

Puedes aprender.

Puedes sanar.

Puedes poner límites.

Puedes pedir ayuda.

Puedes volver a confiar.

Puedes volver a intentarlo.

Puedes elegirte.

Y puedes construir una relación mucho más amorosa contigo misma.

No de un día para otro.

Paso a paso.

Me gustaría leerte

Quiero dejarte una pregunta:

¿Hay alguna emoción que aparezca repetidamente en tu vida y que te gustaría aprender a comprender mejor?

Puede ser miedo, culpa, inseguridad, enojo, tristeza…

Si quieres, cuéntamelo en los comentarios.

Tal vez ponerle un nombre a lo que sentimos sea justamente el primer paso para dejar de sentir que eso nos controla.

Y si este artículo te ayudó a comprenderte un poquito más, compártelo con otra mujer que quizás necesite hacer una pausa y escucharse.

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor». 💜

Lizzi 🌷

Carta a la mujer que está cansada de sentirse insuficiente


Querida mujer:

Quizás hoy estás cansada.

No solamente físicamente.

Quizás estás cansada de intentar llegar a todo.

De cuidar.

De resolver.

De cumplir.

De intentar ser una buena madre, una buena pareja, una buena hija, una buena trabajadora, una buena amiga…

Y, además, intentar ser una buena mujer.

Quizás estás cansada de mirarte y pensar que podrías hacerlo mejor.

Que deberías tener más paciencia.

Más energía.

Más organización.

Más dinero.

Más confianza.

Quizás estás cansada de compararte con otras mujeres.

Con la que parece tener una casa impecable.

Con la que tiene el cuerpo que tú deseas.

Con la que emprende.

Con la que viaja.

Con la que parece tenerlo todo bajo control.

Y mientras miras la vida de los demás, olvidas mirar la tuya.

Olvidas todo lo que has atravesado.

Todo lo que has aprendido.

Todas las veces que seguiste adelante cuando pensabas que no podías más.

Por eso hoy quiero pedirte algo.

Detente.

Solo por un momento.

Y mírate.

No para buscar tus defectos.

No para pensar qué necesitas cambiar.

Mírate para reconocer a la mujer que tienes delante.

Esa mujer ha atravesado días difíciles.

Ha tomado decisiones sin saber si eran las correctas.

Ha llorado a escondidas.

Ha sentido miedo.

Ha cometido errores.

Ha empezado de nuevo.

Ha cuidado a otros incluso cuando necesitaba que alguien la cuidara a ella.

Y probablemente muchas veces hizo más de lo que cree.

Tal vez nadie se lo dijo.

Entonces hoy quiero decírtelo:

Has hecho mucho.

Y aunque todavía tengas cosas por resolver, eso no significa que hayas fracasado.

No necesitas tener todo solucionado para sentirte orgullosa de ti.

No necesitas llegar a una determinada edad siendo quien imaginaste que serías.

No necesitas demostrarle nada a nadie.

Y tampoco necesitas convertirte en otra mujer para merecer amor.

Ya eres digna de amor.

Incluso en los días en los que no te sientes bonita.

Incluso cuando te equivocas.

Incluso cuando pierdes la paciencia.

Incluso cuando necesitas descansar.

Incluso cuando no sabes qué hacer con tu vida.

Incluso cuando tienes miedo.

No llegaste tarde

Quizás miras hacia atrás y piensas:

«¿Cuánto tiempo perdí?»

Quizás lamentas decisiones que tomaste.

O caminos que no recorriste.

Sueños que dejaste esperando.

Palabras que no dijiste.

O cosas que hiciste pensando que eran lo mejor y que hoy harías diferente.

Pero quiero que recuerdes algo.

Tu historia no terminó en esos capítulos.

Todavía estás escribiendo.

Y mientras estés aquí, siempre existe la posibilidad de comenzar una página nueva.

No importa si tienes veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o muchos más años.

No existe una edad en la que se termine el derecho a volver a empezar.

Puedes aprender.

Puedes cambiar.

Puedes equivocarte.

Puedes descubrir nuevos sueños.

Puedes enamorarte de una nueva versión de ti.

Puedes construir una vida diferente.

No porque tu vida actual no tenga valor.

Sino porque tú también tienes derecho a crecer.

Y si eres mamá…

No quiero que olvides algo.

Tus hijos no necesitan una madre perfecta.

Necesitan una madre humana.

Una mujer que pueda decir «me equivoqué».

Una mujer que sepa pedir perdón.

Una mujer que también pueda decir «necesito descansar».

Una mujer que tenga sueños.

Una mujer que se cuide.

Una mujer que se respete.

Porque quizás uno de los regalos más importantes que puedes dejarles no sea una casa perfecta ni una vida sin problemas.

Quizás sea enseñarles, con tu propio ejemplo, que una persona puede amar a su familia profundamente sin dejar de amarse a sí misma.

Que cuidar de los demás no significa desaparecer.

Que pedir ayuda no es fracasar.

Que equivocarse no significa ser insuficiente.

Y que siempre podemos volver a empezar.

Si últimamente algo cambió dentro de ti…

Tal vez fue una pequeña cosa.

Quizás comenzaste a hablarte de otra manera.

Quizás te permitiste descansar sin sentir tanta culpa.

Quizás recordaste un sueño.

Quizás te diste quince minutos.

Quizás simplemente te hiciste una pregunta que hacía mucho tiempo no te hacías:

«¿Y yo qué necesito?»

No subestimes ese pequeño cambio.

Las transformaciones importantes muchas veces empiezan en lugares que nadie ve.

En una decisión silenciosa.

En una conversación contigo misma.

En una página de un cuaderno.

En esos cinco minutos en los que decides que también vas a tenerte en cuenta.

🌸 Un minuto para ti

Hoy no quiero darte una tarea.

Quiero regalarte una pregunta.

Busca un lugar tranquilo.

Respira profundamente.

Y pregúntate:

¿Qué quiero empezar a hacer por mí a partir de hoy?

No pienses en lo que deberías hacer.

No pienses en lo que esperan los demás.

Piensa en ti.

Después escribe una sola frase:

«A partir de hoy, me comprometo conmigo a…»

Puede ser algo pequeño.

Puede ser descansar.

Cuidarte.

Pedir ayuda.

Poner un límite.

Volver a estudiar.

Emprender.

Escribir.

Salir a caminar.

Retomar un sueño.

O simplemente dejar de hablarte con tanta dureza.

Guarda esa frase.

No como una obligación.

Como una promesa de amor hacia ti misma.

Quiero dejarte algo para recordar

No prometas que nunca volverás a sentir culpa.

No prometas que nunca volverás a dudar.

No prometas que siempre tendrás fuerzas.

Prométete algo mucho más real:

Que cuando vuelvas a olvidarte de ti, vas a volver a buscarte.

Una y otra vez.

Con paciencia.

Con ternura.

Sin exigirte perfección.

Porque tú también mereces estar en tu propia lista de prioridades.

Y porque, después de tantos años cuidando a los demás, quizás haya llegado el momento de aprender algo nuevo:

cuidarte a ti también.

Si hoy te encuentras cansada, confundida o sintiendo que no eres suficiente, quiero que recuerdes que no tienes que resolver toda tu vida de una vez.

Puedes empezar por algo pequeño.

Un límite.

Un descanso.

Una decisión.

Un sueño.

Una palabra amable hacia ti misma.

Un primer paso.

El tuyo.

Y si nadie te lo ha dicho últimamente, déjame hacerlo yo:

No eres insuficiente. Estás aprendiendo, creciendo y atravesando tu propia historia.

Y mereces acompañarte en ese camino con más amor.


Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor». 💜

Y si tú corazón así lo desea puedes colaborar para que pueda seguir escribiendo💖 👇🏻

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Ser mamá no significa dejar de tener sueños


Quitar el gato del sillón

Antes de ser mamá probablemente tenías sueños.

Algunos eran grandes.

Otros eran pequeños.

Quizás querías estudiar una carrera, viajar, tener tu propio negocio, aprender algo nuevo, escribir un libro, trabajar en aquello que te apasionaba o simplemente tener una vida en la que te sintieras orgullosa de ti misma.

Después llegaron los hijos.

Y con ellos llegó un amor que probablemente nunca habías conocido.

Pero también llegaron las responsabilidades.

Los horarios.

Las noches sin dormir.

Las preocupaciones.

Las enfermedades.

Las tareas escolares.

Las cuentas.

La casa.

El trabajo.

Y, poco a poco, algunos de tus sueños comenzaron a quedar para después.

«Cuando los niños sean más grandes.»

«Cuando tenga más tiempo.»

«Cuando pueda.»

«Más adelante.»

Y ese «más adelante» puede convertirse en años.

Quizás un día te das cuenta de que sabes perfectamente qué necesita cada persona de tu familia, pero ya no recuerdas qué necesitas tú.

Sabes cuál es la comida favorita de tus hijos.

Qué tarea tienen para mañana.

Qué problema están atravesando.

Qué hay que comprar.

Qué cuenta hay que pagar.

Pero cuando alguien te pregunta:

«¿Y tú qué quieres?»

Tal vez te quedas pensando.

No porque no tengas deseos.

Sino porque hace mucho tiempo que no te haces esa pregunta.

Tus sueños no desaparecieron

Quiero decirte algo que quizás necesites escuchar:

Tus sueños no dejaron de ser importantes porque te convertiste en mamá.

Ser madre cambió tu vida, pero no borró a la mujer que eres.

Sigues teniendo talentos.

Curiosidades.

Ideas.

Deseos.

Capacidades.

Sueños.

Y también tienes derecho a descubrir nuevos.

Tal vez el sueño que tenías hace diez años ya no sea el mismo.

Y eso está bien.

No necesitas recuperar exactamente la vida que imaginabas antes de ser mamá.

Puedes construir una nueva.

Una vida que incluya a tus hijos, pero que también tenga un espacio para ti.

Porque una cosa no tiene por qué eliminar a la otra.

No tienes que elegir entre ser mamá y ser tú

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que una buena madre debía entregarse completamente a los demás.

Como si tener sueños propios fuera una señal de egoísmo.

Como si querer crecer profesionalmente significara querer menos a nuestros hijos.

Como si dedicar tiempo a aprender, trabajar en un proyecto o emprender fuera quitarles algo.

Pero ¿qué pasaría si lo miráramos de otra manera?

¿Qué pasaría si tus hijos también pudieran verte perseguir un sueño?

Verte estudiar.

Verte aprender.

Verte equivocarte y volver a intentarlo.

Verte trabajar por algo que te importa.

Verte celebrar un logro.

Verte comenzar de nuevo.

Quizás no solo estarías construyendo algo para ti.

También estarías enseñándoles, con tu ejemplo, que la vida no termina cuando aparecen las responsabilidades.

Que podemos amar profundamente a nuestra familia y seguir creciendo.

Que podemos cuidar a otros sin abandonarnos.

Que nunca dejamos de ser personas con sueños.

No necesitas comenzar en grande

Tal vez ahora mismo estés pensando:

«Pero yo no tengo tiempo.»

Y puede ser verdad.

Quizás tu vida esté llena de responsabilidades y no puedas dedicarle horas a aquello que sueñas.

Entonces no empieces con horas.

Empieza con minutos.

Si quieres estudiar, busca quince minutos para comenzar.

Si quieres emprender, investiga una idea.

Si quieres escribir, escribe una página.

Si quieres aprender algo nuevo, mira una pequeña clase.

Si quieres volver a sentirte conectada contigo misma, sal a caminar.

No menosprecies los comienzos pequeños.

Una semilla no parece un árbol cuando la plantas.

Pero necesita que alguien crea que vale la pena cuidarla.

Tus sueños también necesitan espacio para crecer.

Quizás tu sueño también haya cambiado

Y hay algo más.

No tienes que sentirte culpable si ya no quieres lo mismo que querías antes.

Las personas cambiamos.

Las madres cambiamos.

La vida nos transforma.

Quizás antes soñabas con una determinada profesión y hoy quieres emprender.

Quizás antes querías viajar por el mundo y ahora deseas construir algo desde tu casa.

Quizás antes querías demostrarle algo a los demás y hoy simplemente quieres sentirte en paz.

No importa.

El sueño no tiene que ser enorme para tener valor.

Puede ser aprender a manejar.

Terminar un curso.

Leer diez libros en un año.

Crear un proyecto.

Tener un ingreso propio.

Volver a pintar.

Escribir.

Viajar.

Cuidar tu cuerpo.

Tener una tarde tranquila.

O simplemente volver a sentir que tu vida también te pertenece.

Pregúntate nuevamente: ¿qué quiero yo?

Hoy quiero invitarte a hacer algo que quizás hace mucho tiempo no haces.

No pienses primero en lo que puedes hacer.

No pienses en el dinero.

No pienses en los horarios.

No pienses en lo que los demás esperan de ti.

Primero pregúntate:

¿Qué quiero?

Después veremos cómo acercarnos a eso.

Porque muchas veces nos convencemos de que no podemos cumplir nuestros sueños antes de permitirnos siquiera soñar.

Y quizás este sea el momento de cambiarlo.

🌸 Un minuto para ti

Busca un lugar tranquilo.

Toma una hoja de papel y escribe rápidamente, sin juzgarte:

Si no tuviera miedo de fracasar, ¿qué me gustaría intentar?

Ahora completa esta frase:

Si pudiera regalarme un sueño, sería…

Y finalmente:

El primer pequeño paso que podría dar hacia ese sueño sería…

No necesitas resolver tu vida hoy.

No necesitas tener un plan perfecto.

Solo necesitas volver a escuchar esa voz que quizás durante mucho tiempo quedó en silencio.

La tuya.

Guarda lo que escribiste.

No lo tires.

Tal vez algún día vuelvas a leer estas palabras y descubras que ese pequeño sueño que escribiste en una hoja fue el comienzo de algo mucho más grande.

Un desafío para esta semana

Elige uno de tus sueños.

Solo uno.

Y haz algo pequeño que te acerque a él.

No importa lo pequeño que sea.

Investiga.

Pregunta.

Lee.

Escribe.

Aprende.

Ahorra.

Organiza.

Da el primer paso.

Pero hazlo.

Porque tus sueños no necesitan que tengas una vida perfecta.

Necesitan que les hagas un pequeño espacio dentro de la vida que tienes hoy.

Me gustaría leerte

Quiero hacerte una pregunta que quizás necesites responderte desde hace mucho tiempo:

¿Qué sueño dejaste para después cuando te convertiste en mamá?

Y si ese sueño ya no es el mismo, también está bien.

Cuéntame cuál es el sueño que hoy te gustaría comenzar a construir.

Quizás compartirlo sea la manera de decirte a ti misma:

«Todavía estoy aquí. Y todavía tengo sueños.»

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor».

No necesitas una vida perfecta para empezar a quererte»


Change notebook year to 2026

«Cuando los niños sean más grandes…»

«Cuando tenga más dinero…»

«Cuando termine de pagar las cuentas…»

«Cuando tenga más tiempo…»

«Cuando baje de peso…»

¿Cuántas veces te has dicho alguna de estas frases?Sin darte cuenta, empiezas a poner tu felicidad siempre en el futuro.Como si hubiera que esperar el momento perfecto para comenzar a vivir.

Pero la realidad es otra.La vida rara vez se acomoda exactamente como la imaginamos.Siempre habrá una cuenta por pagar.Un problema por resolver.Un hijo que necesita de ti.Un día en el que te sientas cansada.Si esperas a que todo esté en orden para empezar a quererte, probablemente ese día nunca llegue.

Durante mucho tiempo muchas mujeres creen que primero deben «merecer» el amor hacia sí mismas.Piensan que cuando logren el cuerpo que desean, cuando tengan un mejor trabajo, cuando sean más organizadas o cuando todo en su familia marche bien, recién entonces podrán sentirse orgullosas de quienes son.

Pero el amor propio no es un premio.Es el punto de partida.No necesitas ser perfecta para reconocer tu valor.Ya eres valiosa.

No por todo lo que haces.No por cuánto trabajas.No por cuánto sacrificas.

Eres valiosa simplemente porque eres una persona única, con una historia, con heridas, con sueños y con una capacidad inmensa de seguir adelante incluso en los días más difíciles.

Piensa en una flor que crece entre las grietas de una vereda.No esperó un jardín perfecto para florecer.Simplemente aprovechó la luz que encontró.Tú también puedes hacerlo.No necesitas tener una casa impecable para sentirte en paz.No necesitas tener todas las respuestas para empezar un nuevo proyecto.No necesitas dejar de sentir miedo para dar un pequeño paso.

Muchas veces creemos que primero llega la confianza y después la acción.Pero casi siempre sucede al revés.Primero damos un pequeño paso.Después descubrimos que sí podíamos.Y entonces nace la confianza.Quizás hoy no puedas cambiar toda tu vida.Pero sí puedes cambiar este día.Puedes dedicarte diez minutos para leer.Puedes salir a caminar.Puedes escribir aquello que sientes.Puedes abrazar a tus hijos con más calma.Puedes empezar ese curso que llevas meses posponiendo.Puedes creer, aunque sea por un instante, que mereces cuidar de ti con el mismo amor con el que cuidas a quienes amas.

Los grandes cambios casi nunca comienzan con decisiones gigantes.Empiezan con pequeños pasos repetidos cada día.Y esos pasos, aunque parezcan insignificantes, tienen el poder de transformar una vida.

🌸 Un minuto para ti

Cierra los ojos por un momento y hazte esta pregunta:¿Qué estoy esperando para empezar a quererme más?

Ahora escribe la primera respuesta que venga a tu mente.

Después pregúntate:¿Ese obstáculo es realmente imposible… o solo se ha convertido en una excusa porque tengo miedo de empezar?

No respondas con dureza.Respóndete con honestidad.Tal vez descubras que no necesitas esperar a que todo cambie.Solo necesitas dar el primer paso.

Woman hiking on rocky mountain trail with snow-capped peak in background

Me gustaría leerte…Si hoy pudieras hacer una sola cosa para demostrarte que también eres importante, ¿qué elegirías?

Compártelo en los comentarios. Puede ser una decisión muy pequeña, porque son esos pequeños pasos los que, con el tiempo, construyen grandes transformaciones.

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor».

Si tu corazón así lo decide puedes contribuir con una donación como regalo, no importa la cantidad porque me ayuda mucho a seguir generando contenido y sustentar el blog de Lizzi.

Gracias💖👇🏻

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5 señales de que tu autoestima necesita atención (aunque creas que estás bien)


Cuando escuchamos la palabra autoestima, muchas veces pensamos en alguien que se siente insegura, que no se quiere o que tiene miedo de hablar en público.

Pero la autoestima es mucho más que eso.

Es la forma en que te tratas cuando nadie te está mirando.

Es la importancia que les das a tus propias necesidades.

Es la voz que escuchas en tu interior cuando cometes un error o cuando sientes que no llegas a todo.

Muchas madres tienen la autoestima lastimada sin darse cuenta. Han aprendido a ser fuertes, a resolver problemas y a seguir adelante. Desde afuera parecen mujeres admirables. Sin embargo, por dentro cargan un peso silencioso que las acompaña cada día.

Estas son algunas señales que pueden indicar que tu autoestima necesita un poco de atención.

1. Sientes culpa cada vez que haces algo por ti.

Decides salir a tomar un café con una amiga, leer un libro, descansar una tarde o simplemente cerrar la puerta de tu habitación durante unos minutos.

Pero en lugar de disfrutar ese momento, aparece la culpa.

Piensas que deberías estar limpiando, cocinando, trabajando o haciendo algo por los demás.

Con el tiempo terminas convencida de que siempre hay alguien más importante que tú.

2. Te exiges más de lo que le exigirías a cualquier otra persona.

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Si una amiga estuviera agotada, probablemente le dirías que descansara.

Si una hermana estuviera pasando por un momento difícil, la abrazarías y le recordarías que está haciendo lo mejor que puede.

Pero contigo eres diferente.

Te juzgas.

Te comparas.

Sientes que nunca es suficiente.

Eres tu crítica más dura.

3. Hace mucho tiempo que dejaste de hacer algo que disfrutas.

Piensa por un momento.

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¿Qué hacías antes que te hacía feliz?

¿Leer?

¿Pintar?

¿Bailar?

¿Escribir?

¿Aprender cosas nuevas?

Muchas veces dejamos de lado esas pequeñas pasiones porque creemos que son un lujo. Sin embargo, son las que alimentan nuestra identidad y nos recuerdan que seguimos siendo mujeres con sueños, además de madres.

4. Buscas la aprobación de todos.

Te preocupa decepcionar.

Dices «sí» cuando en realidad quieres decir «no».

Intentas cumplir con las expectativas de todos, aunque eso signifique dejar de lado las tuyas.

Y cuando alguien te critica, sientes que todo tu esfuerzo no ha servido de nada.

5. Has olvidado reconocer todo lo que has logrado.

Cada día resuelves problemas.

Cuidas.

Trabajas.

Acompañas.

Organizas.

Escuchas.

Sostienes a tu familia incluso cuando tú también necesitas que alguien te sostenga.

Y aun así, cuando piensas en ti, solo ves lo que falta.

Rara vez te detienes a reconocer la mujer fuerte, valiente y perseverante en la que te has convertido.

La buena noticia

Si te identificaste con una o varias de estas señales, no significa que haya algo malo en ti.

Significa que durante mucho tiempo has puesto toda tu energía en cuidar a los demás y muy poca en cuidar la relación más importante de tu vida: la que tienes contigo misma.

La autoestima no cambia de un día para otro.

Se reconstruye con pequeños actos diarios.

Con palabras más amables hacia ti.

Con límites saludables.

Con tiempo para descansar.

Con decisiones que te recuerden que tú también importas.

Hoy quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.

Toma una hoja de papel y escribe cinco cosas que hayas hecho bien durante esta semana.

No importa si parecen pequeñas.

Tal vez ayudaste a uno de tus hijos con una tarea.

Preparaste una comida con cariño.

Terminaste un trabajo.

O simplemente te levantaste una mañana en la que no tenías fuerzas.

Todo eso cuenta.

Porque antes de aprender a creer en ti, necesitas empezar a reconocer todo lo que ya haces.

Ahora quiero leerte.

¿Cuál de estas cinco señales sentiste que describía mejor lo que estás viviendo hoy?

Recuerda: reconocerlo no es una derrota. Es el primer paso para volver a mirarte con el amor y el respeto que siempre has merecido.

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¿En qué momento dejaste de ser la protagonista de tu propia vida?


Hubo un tiempo en que soñabas.

Quizás imaginabas el trabajo que tendrías, los lugares que conocerías, el emprendimiento que algún día crearías o simplemente una vida donde te sintieras feliz y en paz.

Después llegaron las responsabilidades.

Ser mamá cambió muchas cosas. Tu corazón se llenó de un amor inmenso, pero también de tareas, horarios, preocupaciones y decisiones que parecían no terminar nunca.

Y con ese amor también llegaron noches largas sin dormir, cuando tus hijos se enfermaban y te quedabas en vela, tocándoles la frente una y otra vez para asegurarte de que la fiebre bajara, con esa angustia silenciosa de no poder relajarte ni un segundo. O cuando crecieron y se volvieron adolescentes, empezaron a salir, y aunque les dijeras que todo estaba bien, no podías estar tranquila hasta que escuchabas la puerta abrirse de nuevo y sabías que habían llegado a casa.

Incluso en medio de todo eso, la vida de pareja también trajo sus propias cargas. Problemas, discusiones o distancias que te dejaban la mente ocupada, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez, sin poder concentrarte en tu trabajo, sintiendo que por dentro estabas desgastada, como si esa angustia constante no te dejara avanzar ni respirar con claridad.

Sin darte cuenta, comenzaste a poner las necesidades de todos antes que las tuyas.

Primero eran los hijos.

La pareja.

La familia.

Luego la casa.

Después el trabajo.

Las cuentas.

Y tú… quedaste para «cuando hubiera tiempo».

Con el paso de los años, muchas mujeres llegan a mirarse al espejo y sienten que algo cambió. No porque hayan dejado de ser valiosas, sino porque hace tanto que cuidan de todos, que olvidaron cuidar de sí mismas.

Quizás todavía sonríes. Cumples con tus responsabilidades. Haces lo que hay que hacer.

Pero por dentro sientes un vacío difícil de explicar.

Te preguntas cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque te hacía feliz.

Cuándo fue la última vez que te sentiste orgullosa de ti.

Cuándo dejaste de creer que también merecías cumplir tus propios sueños.

La buena noticia es que nunca es demasiado tarde para volver a encontrarte.

No necesitas abandonar a tu familia para volver a ser tú.

No necesitas esperar a que los niños crezcan, a tener más dinero o a que aparezca el momento perfecto.

Solo necesitas recordar que tú también eres importante.

Cuando una madre se cuida, no está siendo egoísta.

Está enseñando con su ejemplo.

Está mostrando a sus hijos que el amor propio también forma parte del amor por la familia.

Recuperar tu lugar como protagonista de tu historia no sucede de un día para otro.

Empieza con decisiones pequeñas.

Con cinco minutos para ti.

Con un libro.

Con una caminata.

Con aprender algo nuevo.

Con volver a creer que tus sueños siguen teniendo un lugar en esta etapa de tu vida.

Hoy quiero hacerte una invitación muy sencilla.

Haz una pausa por unos minutos y responde esta pregunta con total sinceridad:

¿En qué momento dejaste de elegirte a ti misma?

No importa cuánto tiempo haya pasado.

Hoy puede ser el primer día de una nueva historia.

Y esta vez, quiero que tú también seas uno de los personajes más importantes.💖

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Regálate amor propio


De más está decir que se acerca una fecha en la que muchos esperan 🎁. Pero quiero hacer una reflexión contigo. Para saber cuánto vales hay regalo en el mundo que se compare? Para mí mi mejor regalo es tiempo para mí misma!! Hacer algo que hace mucho tengo ganas de hacer y no he podido, que se me valore mi tiempo también. Vamos por la vida haciendo esto o aquello casi siempre en pro de los demás y muy pocas veces nos detenemos a pensar qué es lo que queremos para nosotros mismos. A veces esperamos regalos externos sin importarnos por lo que valemos y queremos internamente.

Hasta somos expertos en dar consejos pero no vemos que a la primera persona que debemos aconsejar y mimar es a nosotros mismos. Empezar a recorrer un camino que nos haga felices. Por ejemplo: si quiero trabajar haciendo algo que me guste y no estamos contentos con lo que hacemos; ¿por qué esperar más tiempo para buscarlo? Si me gustaría trabajar en tal empresa, envío el currículum y listo. Si quiero vivir de algo que me gusta hacer siendo mi propio jefe, busco la forma de dar el primer paso. Así sea saber qué necesito para empezar. No necesito tener todo en un sólo día pero si plantearme empezar de a poco y sobre todo dar el primer paso. Con cada logro, iremos viendo que el camino se hace más cerca.

Si soy mamá muy ocupada, también puedo sacar tiempo para mí. Aunque sea unos minutos al día. Darme ése regalo que me merezco por todo mi árduo trabajo 24\7. Viendo por mí también enseño a mis hijos el valor que tengo. Si yo me quiero, será más fácil que los demás me quieran. No todo tiene que ir en pro de los demás. Yo también existo. Me quiero, me valoro, me doy tiempo, me mimo y siento 😄.

Cuando uno se pone metas u objetivos que sabe que lo harán sentirse bien, debe hacer lo sumo posible por verlos realizados. Cada cosa que nos planteamos y logramos, hace que nuestra autoestima crezca y junto con ella también la autoconfianza. Ése sentimiento de que yo puedo y soy capaz de lograr lo que me proponga.

Por éso hoy quiero decirte que tu mejor regalo de San Valentín, eres tú!!

Permítete sentir!!


Muchas veces estamos cargados de emociones que quedan atrapadas dentro de nosotros porque no las dejamos salir.

Expresa tus emociones y siente.

Éso hace que tengamos como el pecho apretado. Son las emociones que quedaron ahí. Cuando liberamos las emociones, nos sentimos ligeros de peso, más livianos. Sino andamos por la vida estresados, contracturados, etc.

Para poder sentirnos mejor, hay que sentir!! Sí, sentir!! Porque por ejemplo: si tenemos ganas de decirle a alguien que lo amamos pero lo dejamos dentro, no nos permitimos sentir en el más pleno hecho de amar. Porque al decirlo es como que se expande y nos deja un sentimiento agradable. En cambio si lo guardamos para nosotros mismos, queda como atrapado.

A veces es porque nos da miedo decirlo. Porque tenemos miedo a que nos lastimen. Pensamos que si dejamos ver a la otra persona que la amamos, quizás se agarre de éso y nos haga daño. Juegue con nuestros sentimientos. Pero si te pones a pensar: qué cosa tan mala te puede hacer si se lo dices? Porque si no lo dices: en qué cambia? Si te quiere engañar lo va a hacer se lo digas o no. La diferencia es que te permitiste sentir y si no lo recibe pues, se lo pierde y punto!! Pero tú lo sentiste!! Es un avance y es tu poder!! Y empiezas a liberarte de tus cargas emocionales.

Lo mismo con la tristeza: «Si querés llorar, llora». Enfrente de quién sea o a solas pero llora. Atrévete a dejar salir éso que te hace mal!! Para luego poder seguir. Si estás enojada\o, habla sobre lo que te pasa con quien debes hacerlo!! Expresa tu enojo de la manera más tranquila posible. No esperes a que ése enojo se haga más grande en ti. Enseguida que sepas que algo no te agrada y que en verdad te molesta, exprésalo a quién tenga que ser. Ya verás que sentirás alivio y te sentirás ligero. Te sacas una carga de encima.

El problema que tenemos es que no sabemos expresar nuestras emociones de la mejor forma posible y vivimos estresados por el miedo al que dirán o como responderán los demás. Entonces vivimos todos sumergidos en nuestras propias emociones sin conectar emocionalmente con nadie para que nadie nos lastime.

Terminamos siendo lo que lo no somos porque: o tenemos miedo o queremos que nos vean como los más fuertes!!

Atrévete a sentir!!!

Con cariño💖 para ti!!

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