Carta a la mujer que está cansada de sentirse insuficiente


Querida mujer:

Quizás hoy estás cansada.

No solamente físicamente.

Quizás estás cansada de intentar llegar a todo.

De cuidar.

De resolver.

De cumplir.

De intentar ser una buena madre, una buena pareja, una buena hija, una buena trabajadora, una buena amiga…

Y, además, intentar ser una buena mujer.

Quizás estás cansada de mirarte y pensar que podrías hacerlo mejor.

Que deberías tener más paciencia.

Más energía.

Más organización.

Más dinero.

Más confianza.

Quizás estás cansada de compararte con otras mujeres.

Con la que parece tener una casa impecable.

Con la que tiene el cuerpo que tú deseas.

Con la que emprende.

Con la que viaja.

Con la que parece tenerlo todo bajo control.

Y mientras miras la vida de los demás, olvidas mirar la tuya.

Olvidas todo lo que has atravesado.

Todo lo que has aprendido.

Todas las veces que seguiste adelante cuando pensabas que no podías más.

Por eso hoy quiero pedirte algo.

Detente.

Solo por un momento.

Y mírate.

No para buscar tus defectos.

No para pensar qué necesitas cambiar.

Mírate para reconocer a la mujer que tienes delante.

Esa mujer ha atravesado días difíciles.

Ha tomado decisiones sin saber si eran las correctas.

Ha llorado a escondidas.

Ha sentido miedo.

Ha cometido errores.

Ha empezado de nuevo.

Ha cuidado a otros incluso cuando necesitaba que alguien la cuidara a ella.

Y probablemente muchas veces hizo más de lo que cree.

Tal vez nadie se lo dijo.

Entonces hoy quiero decírtelo:

Has hecho mucho.

Y aunque todavía tengas cosas por resolver, eso no significa que hayas fracasado.

No necesitas tener todo solucionado para sentirte orgullosa de ti.

No necesitas llegar a una determinada edad siendo quien imaginaste que serías.

No necesitas demostrarle nada a nadie.

Y tampoco necesitas convertirte en otra mujer para merecer amor.

Ya eres digna de amor.

Incluso en los días en los que no te sientes bonita.

Incluso cuando te equivocas.

Incluso cuando pierdes la paciencia.

Incluso cuando necesitas descansar.

Incluso cuando no sabes qué hacer con tu vida.

Incluso cuando tienes miedo.

No llegaste tarde

Quizás miras hacia atrás y piensas:

«¿Cuánto tiempo perdí?»

Quizás lamentas decisiones que tomaste.

O caminos que no recorriste.

Sueños que dejaste esperando.

Palabras que no dijiste.

O cosas que hiciste pensando que eran lo mejor y que hoy harías diferente.

Pero quiero que recuerdes algo.

Tu historia no terminó en esos capítulos.

Todavía estás escribiendo.

Y mientras estés aquí, siempre existe la posibilidad de comenzar una página nueva.

No importa si tienes veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o muchos más años.

No existe una edad en la que se termine el derecho a volver a empezar.

Puedes aprender.

Puedes cambiar.

Puedes equivocarte.

Puedes descubrir nuevos sueños.

Puedes enamorarte de una nueva versión de ti.

Puedes construir una vida diferente.

No porque tu vida actual no tenga valor.

Sino porque tú también tienes derecho a crecer.

Y si eres mamá…

No quiero que olvides algo.

Tus hijos no necesitan una madre perfecta.

Necesitan una madre humana.

Una mujer que pueda decir «me equivoqué».

Una mujer que sepa pedir perdón.

Una mujer que también pueda decir «necesito descansar».

Una mujer que tenga sueños.

Una mujer que se cuide.

Una mujer que se respete.

Porque quizás uno de los regalos más importantes que puedes dejarles no sea una casa perfecta ni una vida sin problemas.

Quizás sea enseñarles, con tu propio ejemplo, que una persona puede amar a su familia profundamente sin dejar de amarse a sí misma.

Que cuidar de los demás no significa desaparecer.

Que pedir ayuda no es fracasar.

Que equivocarse no significa ser insuficiente.

Y que siempre podemos volver a empezar.

Si últimamente algo cambió dentro de ti…

Tal vez fue una pequeña cosa.

Quizás comenzaste a hablarte de otra manera.

Quizás te permitiste descansar sin sentir tanta culpa.

Quizás recordaste un sueño.

Quizás te diste quince minutos.

Quizás simplemente te hiciste una pregunta que hacía mucho tiempo no te hacías:

«¿Y yo qué necesito?»

No subestimes ese pequeño cambio.

Las transformaciones importantes muchas veces empiezan en lugares que nadie ve.

En una decisión silenciosa.

En una conversación contigo misma.

En una página de un cuaderno.

En esos cinco minutos en los que decides que también vas a tenerte en cuenta.

🌸 Un minuto para ti

Hoy no quiero darte una tarea.

Quiero regalarte una pregunta.

Busca un lugar tranquilo.

Respira profundamente.

Y pregúntate:

¿Qué quiero empezar a hacer por mí a partir de hoy?

No pienses en lo que deberías hacer.

No pienses en lo que esperan los demás.

Piensa en ti.

Después escribe una sola frase:

«A partir de hoy, me comprometo conmigo a…»

Puede ser algo pequeño.

Puede ser descansar.

Cuidarte.

Pedir ayuda.

Poner un límite.

Volver a estudiar.

Emprender.

Escribir.

Salir a caminar.

Retomar un sueño.

O simplemente dejar de hablarte con tanta dureza.

Guarda esa frase.

No como una obligación.

Como una promesa de amor hacia ti misma.

Quiero dejarte algo para recordar

No prometas que nunca volverás a sentir culpa.

No prometas que nunca volverás a dudar.

No prometas que siempre tendrás fuerzas.

Prométete algo mucho más real:

Que cuando vuelvas a olvidarte de ti, vas a volver a buscarte.

Una y otra vez.

Con paciencia.

Con ternura.

Sin exigirte perfección.

Porque tú también mereces estar en tu propia lista de prioridades.

Y porque, después de tantos años cuidando a los demás, quizás haya llegado el momento de aprender algo nuevo:

cuidarte a ti también.

Si hoy te encuentras cansada, confundida o sintiendo que no eres suficiente, quiero que recuerdes que no tienes que resolver toda tu vida de una vez.

Puedes empezar por algo pequeño.

Un límite.

Un descanso.

Una decisión.

Un sueño.

Una palabra amable hacia ti misma.

Un primer paso.

El tuyo.

Y si nadie te lo ha dicho últimamente, déjame hacerlo yo:

No eres insuficiente. Estás aprendiendo, creciendo y atravesando tu propia historia.

Y mereces acompañarte en ese camino con más amor.


Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor». 💜

Y si tú corazón así lo desea puedes colaborar para que pueda seguir escribiendo💖 👇🏻

cards
Powered by paypal

Ser mamá no significa dejar de tener sueños


Quitar el gato del sillón

Antes de ser mamá probablemente tenías sueños.

Algunos eran grandes.

Otros eran pequeños.

Quizás querías estudiar una carrera, viajar, tener tu propio negocio, aprender algo nuevo, escribir un libro, trabajar en aquello que te apasionaba o simplemente tener una vida en la que te sintieras orgullosa de ti misma.

Después llegaron los hijos.

Y con ellos llegó un amor que probablemente nunca habías conocido.

Pero también llegaron las responsabilidades.

Los horarios.

Las noches sin dormir.

Las preocupaciones.

Las enfermedades.

Las tareas escolares.

Las cuentas.

La casa.

El trabajo.

Y, poco a poco, algunos de tus sueños comenzaron a quedar para después.

«Cuando los niños sean más grandes.»

«Cuando tenga más tiempo.»

«Cuando pueda.»

«Más adelante.»

Y ese «más adelante» puede convertirse en años.

Quizás un día te das cuenta de que sabes perfectamente qué necesita cada persona de tu familia, pero ya no recuerdas qué necesitas tú.

Sabes cuál es la comida favorita de tus hijos.

Qué tarea tienen para mañana.

Qué problema están atravesando.

Qué hay que comprar.

Qué cuenta hay que pagar.

Pero cuando alguien te pregunta:

«¿Y tú qué quieres?»

Tal vez te quedas pensando.

No porque no tengas deseos.

Sino porque hace mucho tiempo que no te haces esa pregunta.

Tus sueños no desaparecieron

Quiero decirte algo que quizás necesites escuchar:

Tus sueños no dejaron de ser importantes porque te convertiste en mamá.

Ser madre cambió tu vida, pero no borró a la mujer que eres.

Sigues teniendo talentos.

Curiosidades.

Ideas.

Deseos.

Capacidades.

Sueños.

Y también tienes derecho a descubrir nuevos.

Tal vez el sueño que tenías hace diez años ya no sea el mismo.

Y eso está bien.

No necesitas recuperar exactamente la vida que imaginabas antes de ser mamá.

Puedes construir una nueva.

Una vida que incluya a tus hijos, pero que también tenga un espacio para ti.

Porque una cosa no tiene por qué eliminar a la otra.

No tienes que elegir entre ser mamá y ser tú

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que una buena madre debía entregarse completamente a los demás.

Como si tener sueños propios fuera una señal de egoísmo.

Como si querer crecer profesionalmente significara querer menos a nuestros hijos.

Como si dedicar tiempo a aprender, trabajar en un proyecto o emprender fuera quitarles algo.

Pero ¿qué pasaría si lo miráramos de otra manera?

¿Qué pasaría si tus hijos también pudieran verte perseguir un sueño?

Verte estudiar.

Verte aprender.

Verte equivocarte y volver a intentarlo.

Verte trabajar por algo que te importa.

Verte celebrar un logro.

Verte comenzar de nuevo.

Quizás no solo estarías construyendo algo para ti.

También estarías enseñándoles, con tu ejemplo, que la vida no termina cuando aparecen las responsabilidades.

Que podemos amar profundamente a nuestra familia y seguir creciendo.

Que podemos cuidar a otros sin abandonarnos.

Que nunca dejamos de ser personas con sueños.

No necesitas comenzar en grande

Tal vez ahora mismo estés pensando:

«Pero yo no tengo tiempo.»

Y puede ser verdad.

Quizás tu vida esté llena de responsabilidades y no puedas dedicarle horas a aquello que sueñas.

Entonces no empieces con horas.

Empieza con minutos.

Si quieres estudiar, busca quince minutos para comenzar.

Si quieres emprender, investiga una idea.

Si quieres escribir, escribe una página.

Si quieres aprender algo nuevo, mira una pequeña clase.

Si quieres volver a sentirte conectada contigo misma, sal a caminar.

No menosprecies los comienzos pequeños.

Una semilla no parece un árbol cuando la plantas.

Pero necesita que alguien crea que vale la pena cuidarla.

Tus sueños también necesitan espacio para crecer.

Quizás tu sueño también haya cambiado

Y hay algo más.

No tienes que sentirte culpable si ya no quieres lo mismo que querías antes.

Las personas cambiamos.

Las madres cambiamos.

La vida nos transforma.

Quizás antes soñabas con una determinada profesión y hoy quieres emprender.

Quizás antes querías viajar por el mundo y ahora deseas construir algo desde tu casa.

Quizás antes querías demostrarle algo a los demás y hoy simplemente quieres sentirte en paz.

No importa.

El sueño no tiene que ser enorme para tener valor.

Puede ser aprender a manejar.

Terminar un curso.

Leer diez libros en un año.

Crear un proyecto.

Tener un ingreso propio.

Volver a pintar.

Escribir.

Viajar.

Cuidar tu cuerpo.

Tener una tarde tranquila.

O simplemente volver a sentir que tu vida también te pertenece.

Pregúntate nuevamente: ¿qué quiero yo?

Hoy quiero invitarte a hacer algo que quizás hace mucho tiempo no haces.

No pienses primero en lo que puedes hacer.

No pienses en el dinero.

No pienses en los horarios.

No pienses en lo que los demás esperan de ti.

Primero pregúntate:

¿Qué quiero?

Después veremos cómo acercarnos a eso.

Porque muchas veces nos convencemos de que no podemos cumplir nuestros sueños antes de permitirnos siquiera soñar.

Y quizás este sea el momento de cambiarlo.

🌸 Un minuto para ti

Busca un lugar tranquilo.

Toma una hoja de papel y escribe rápidamente, sin juzgarte:

Si no tuviera miedo de fracasar, ¿qué me gustaría intentar?

Ahora completa esta frase:

Si pudiera regalarme un sueño, sería…

Y finalmente:

El primer pequeño paso que podría dar hacia ese sueño sería…

No necesitas resolver tu vida hoy.

No necesitas tener un plan perfecto.

Solo necesitas volver a escuchar esa voz que quizás durante mucho tiempo quedó en silencio.

La tuya.

Guarda lo que escribiste.

No lo tires.

Tal vez algún día vuelvas a leer estas palabras y descubras que ese pequeño sueño que escribiste en una hoja fue el comienzo de algo mucho más grande.

Un desafío para esta semana

Elige uno de tus sueños.

Solo uno.

Y haz algo pequeño que te acerque a él.

No importa lo pequeño que sea.

Investiga.

Pregunta.

Lee.

Escribe.

Aprende.

Ahorra.

Organiza.

Da el primer paso.

Pero hazlo.

Porque tus sueños no necesitan que tengas una vida perfecta.

Necesitan que les hagas un pequeño espacio dentro de la vida que tienes hoy.

Me gustaría leerte

Quiero hacerte una pregunta que quizás necesites responderte desde hace mucho tiempo:

¿Qué sueño dejaste para después cuando te convertiste en mamá?

Y si ese sueño ya no es el mismo, también está bien.

Cuéntame cuál es el sueño que hoy te gustaría comenzar a construir.

Quizás compartirlo sea la manera de decirte a ti misma:

«Todavía estoy aquí. Y todavía tengo sueños.»

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor».

«Autoestima: volver a elegirte…Podcast resumen»


3 pequeños hábitos que pueden cambiar la forma en que te sientes contigo misma


A veces creemos que para cambiar nuestra vida necesitamos hacer algo enorme.

Tomar una decisión radical.

Empezar de cero.

Cambiar de trabajo.

Mudarnos.

Bajar de peso.

Conseguir más dinero.

Tener una casa perfectamente organizada.

Y mientras esperamos ese gran momento, seguimos viviendo exactamente igual.

Pero quizás el cambio que necesitas no empieza con una gran decisión.

Quizás empieza con algo mucho más pequeño.

Con la manera en que te hablas.

Con los minutos que te dedicas.

Con la forma en que reconoces tus propios logros.

Porque aprender a quererte también es un hábito.

Y como cualquier hábito, se construye poco a poco.

Hoy quiero compartir contigo tres pequeños hábitos que puedes comenzar a practicar desde hoy.

  1. Habla contigo como hablarías con alguien que amas

Presta atención a tu diálogo interno.

¿Qué te dices cuando cometes un error?

«Soy un desastre.»

«No puedo hacer nada bien.»

«Siempre me pasa lo mismo.»

«No tengo fuerza de voluntad.»

«Las demás pueden, yo no.»

Ahora imagina que tu hija, tu hermana o tu mejor amiga estuviera pasando exactamente por la misma situación.

¿Le hablarías de esa manera?

Probablemente no.

Le dirías que puede volver a intentarlo.

Que un error no define quién es.

Que está haciendo lo mejor que puede.

Entonces, ¿por qué contigo debería ser diferente?

La próxima vez que te descubras hablándote con dureza, detente.

Y cambia esa frase.

En lugar de decir:

«No puedo.»

Prueba con:

«Todavía estoy aprendiendo.»

En lugar de:

«Soy un desastre.»

Prueba con:

«Hoy no me salió como esperaba, pero puedo volver a intentarlo.»

No se trata de repetir frases bonitas sin creerlas.

Se trata de empezar a construir una voz interior que no esté constantemente en tu contra.

  1. Reconoce algo que hayas hecho bien cada día

Las madres somos especialistas en detectar lo que falta.

La ropa que quedó sin doblar.

La comida que todavía no está hecha.

El mensaje que no respondimos.

El trabajo que quedó pendiente.

La habitación que sigue desordenada.

La tarea que olvidamos revisar.

Y cuando llega la noche, muchas veces hacemos una lista mental de todo lo que no conseguimos terminar.

Pero ¿qué pasaría si también hicieras una lista de lo que sí lograste?

Quizás hoy levantaste a tus hijos y preparaste el desayuno.

Fuiste a trabajar.

Resolviste un problema.

Escuchaste a alguien que necesitaba hablar.

Terminaste algo que llevabas días postergando.

O simplemente seguiste adelante en un día en el que no tenías demasiadas fuerzas.

Eso también cuenta.

Antes de dormir, escribe una sola cosa de la que puedas sentirte orgullosa.

Solo una.

Mañana agrega otra.

Con el tiempo, comenzarás a mirar tu vida desde una perspectiva diferente.

No solamente desde lo que falta, sino también desde todo lo que ya has conseguido.

  1. Regálate 15 minutos que sean solamente tuyos

Quince minutos.

No una hora.

No una tarde completa.

Solo quince minutos.

Puede parecer poco, pero cuando llevas años colocando tus necesidades al final de la lista, esos quince minutos pueden convertirse en una pequeña revolución.

Durante ese tiempo puedes leer unas páginas de un libro.

Tomar un café tranquilamente.

Salir a caminar.

Escuchar música.

Escribir.

Aprender algo nuevo.

Meditar.

Simplemente sentarte y respirar.

Y si aparece esa vocecita que te dice:

«Tengo demasiadas cosas que hacer.»

Recuerda algo:

Tú también eres una de las cosas importantes de tu vida.

Cuidarte no significa dejar de cuidar a los demás.

Significa reconocer que tú también necesitas atención, descanso y espacio.

No tienes que ganarte el derecho a descansar.

No tienes que demostrar que estás agotada para merecer una pausa.

Tienes derecho a parar antes de llegar al límite.

🌸 Un minuto para ti

Hoy quiero proponerte algo muy sencillo.

Toma una hoja de papel y completa estas tres frases:

Hoy me siento orgullosa de mí porque…

Algo que necesito permitirme sin sentir culpa es…

Durante los próximos siete días voy a regalarme 15 minutos para…

Photo by furkanfdemir on Pexels.com

No busques respuestas perfectas.

Sé sincera contigo.

Y si puedes, guarda esa hoja.

Dentro de una semana vuelve a leerla.

Quizás descubras que algo pequeño comenzó a cambiar.

Un desafío para esta semana

Durante los próximos siete días, intenta cumplir estas tres pequeñas acciones:

🌷 Habla contigo con más amabilidad.

🌷 Reconoce cada día algo que hayas hecho bien.

🌷 Regálate 15 minutos solo para ti.

No necesitas hacerlo perfectamente.

Si un día no puedes, no te castigues.

Simplemente vuelve a empezar al día siguiente.

Porque aprender a cuidarte también significa aprender a no abandonar tus propios procesos cada vez que algo no sale como esperabas.

Y recuerda algo muy importante:

No necesitas transformar toda tu vida esta semana. Solo necesitas empezar a tratarte un poquito mejor que ayer.

Me gustaría leerte

¿Cuál de estos tres hábitos vas a comenzar primero?

Cuéntamelo en los comentarios.

Y si conoces a otra mamá que siempre está cuidando de todos menos de sí misma, comparte este artículo con ella. Tal vez esos quince minutos que se regale hoy sean el comienzo de algo mucho más grande.

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor».

Photo by Eduardo Barrientos on Pexels.com

No necesitas una vida perfecta para empezar a quererte»


Change notebook year to 2026

«Cuando los niños sean más grandes…»

«Cuando tenga más dinero…»

«Cuando termine de pagar las cuentas…»

«Cuando tenga más tiempo…»

«Cuando baje de peso…»

¿Cuántas veces te has dicho alguna de estas frases?Sin darte cuenta, empiezas a poner tu felicidad siempre en el futuro.Como si hubiera que esperar el momento perfecto para comenzar a vivir.

Pero la realidad es otra.La vida rara vez se acomoda exactamente como la imaginamos.Siempre habrá una cuenta por pagar.Un problema por resolver.Un hijo que necesita de ti.Un día en el que te sientas cansada.Si esperas a que todo esté en orden para empezar a quererte, probablemente ese día nunca llegue.

Durante mucho tiempo muchas mujeres creen que primero deben «merecer» el amor hacia sí mismas.Piensan que cuando logren el cuerpo que desean, cuando tengan un mejor trabajo, cuando sean más organizadas o cuando todo en su familia marche bien, recién entonces podrán sentirse orgullosas de quienes son.

Pero el amor propio no es un premio.Es el punto de partida.No necesitas ser perfecta para reconocer tu valor.Ya eres valiosa.

No por todo lo que haces.No por cuánto trabajas.No por cuánto sacrificas.

Eres valiosa simplemente porque eres una persona única, con una historia, con heridas, con sueños y con una capacidad inmensa de seguir adelante incluso en los días más difíciles.

Piensa en una flor que crece entre las grietas de una vereda.No esperó un jardín perfecto para florecer.Simplemente aprovechó la luz que encontró.Tú también puedes hacerlo.No necesitas tener una casa impecable para sentirte en paz.No necesitas tener todas las respuestas para empezar un nuevo proyecto.No necesitas dejar de sentir miedo para dar un pequeño paso.

Muchas veces creemos que primero llega la confianza y después la acción.Pero casi siempre sucede al revés.Primero damos un pequeño paso.Después descubrimos que sí podíamos.Y entonces nace la confianza.Quizás hoy no puedas cambiar toda tu vida.Pero sí puedes cambiar este día.Puedes dedicarte diez minutos para leer.Puedes salir a caminar.Puedes escribir aquello que sientes.Puedes abrazar a tus hijos con más calma.Puedes empezar ese curso que llevas meses posponiendo.Puedes creer, aunque sea por un instante, que mereces cuidar de ti con el mismo amor con el que cuidas a quienes amas.

Los grandes cambios casi nunca comienzan con decisiones gigantes.Empiezan con pequeños pasos repetidos cada día.Y esos pasos, aunque parezcan insignificantes, tienen el poder de transformar una vida.

🌸 Un minuto para ti

Cierra los ojos por un momento y hazte esta pregunta:¿Qué estoy esperando para empezar a quererme más?

Ahora escribe la primera respuesta que venga a tu mente.

Después pregúntate:¿Ese obstáculo es realmente imposible… o solo se ha convertido en una excusa porque tengo miedo de empezar?

No respondas con dureza.Respóndete con honestidad.Tal vez descubras que no necesitas esperar a que todo cambie.Solo necesitas dar el primer paso.

Woman hiking on rocky mountain trail with snow-capped peak in background

Me gustaría leerte…Si hoy pudieras hacer una sola cosa para demostrarte que también eres importante, ¿qué elegirías?

Compártelo en los comentarios. Puede ser una decisión muy pequeña, porque son esos pequeños pasos los que, con el tiempo, construyen grandes transformaciones.

Recuerda esto: «El paso más importante para transformar tu vida es mirarte con amor».

Si tu corazón así lo decide puedes contribuir con una donación como regalo, no importa la cantidad porque me ayuda mucho a seguir generando contenido y sustentar el blog de Lizzi.

Gracias💖👇🏻

cards
Powered by paypal

5 señales de que tu autoestima necesita atención (aunque creas que estás bien)


Cuando escuchamos la palabra autoestima, muchas veces pensamos en alguien que se siente insegura, que no se quiere o que tiene miedo de hablar en público.

Pero la autoestima es mucho más que eso.

Es la forma en que te tratas cuando nadie te está mirando.

Es la importancia que les das a tus propias necesidades.

Es la voz que escuchas en tu interior cuando cometes un error o cuando sientes que no llegas a todo.

Muchas madres tienen la autoestima lastimada sin darse cuenta. Han aprendido a ser fuertes, a resolver problemas y a seguir adelante. Desde afuera parecen mujeres admirables. Sin embargo, por dentro cargan un peso silencioso que las acompaña cada día.

Estas son algunas señales que pueden indicar que tu autoestima necesita un poco de atención.

1. Sientes culpa cada vez que haces algo por ti.

Decides salir a tomar un café con una amiga, leer un libro, descansar una tarde o simplemente cerrar la puerta de tu habitación durante unos minutos.

Pero en lugar de disfrutar ese momento, aparece la culpa.

Piensas que deberías estar limpiando, cocinando, trabajando o haciendo algo por los demás.

Con el tiempo terminas convencida de que siempre hay alguien más importante que tú.

2. Te exiges más de lo que le exigirías a cualquier otra persona.

Photo by RDNE Stock project on Pexels.com

Si una amiga estuviera agotada, probablemente le dirías que descansara.

Si una hermana estuviera pasando por un momento difícil, la abrazarías y le recordarías que está haciendo lo mejor que puede.

Pero contigo eres diferente.

Te juzgas.

Te comparas.

Sientes que nunca es suficiente.

Eres tu crítica más dura.

3. Hace mucho tiempo que dejaste de hacer algo que disfrutas.

Piensa por un momento.

Photo by Christina Morillo on Pexels.com

¿Qué hacías antes que te hacía feliz?

¿Leer?

¿Pintar?

¿Bailar?

¿Escribir?

¿Aprender cosas nuevas?

Muchas veces dejamos de lado esas pequeñas pasiones porque creemos que son un lujo. Sin embargo, son las que alimentan nuestra identidad y nos recuerdan que seguimos siendo mujeres con sueños, además de madres.

4. Buscas la aprobación de todos.

Te preocupa decepcionar.

Dices «sí» cuando en realidad quieres decir «no».

Intentas cumplir con las expectativas de todos, aunque eso signifique dejar de lado las tuyas.

Y cuando alguien te critica, sientes que todo tu esfuerzo no ha servido de nada.

5. Has olvidado reconocer todo lo que has logrado.

Cada día resuelves problemas.

Cuidas.

Trabajas.

Acompañas.

Organizas.

Escuchas.

Sostienes a tu familia incluso cuando tú también necesitas que alguien te sostenga.

Y aun así, cuando piensas en ti, solo ves lo que falta.

Rara vez te detienes a reconocer la mujer fuerte, valiente y perseverante en la que te has convertido.

La buena noticia

Si te identificaste con una o varias de estas señales, no significa que haya algo malo en ti.

Significa que durante mucho tiempo has puesto toda tu energía en cuidar a los demás y muy poca en cuidar la relación más importante de tu vida: la que tienes contigo misma.

La autoestima no cambia de un día para otro.

Se reconstruye con pequeños actos diarios.

Con palabras más amables hacia ti.

Con límites saludables.

Con tiempo para descansar.

Con decisiones que te recuerden que tú también importas.

Hoy quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.

Toma una hoja de papel y escribe cinco cosas que hayas hecho bien durante esta semana.

No importa si parecen pequeñas.

Tal vez ayudaste a uno de tus hijos con una tarea.

Preparaste una comida con cariño.

Terminaste un trabajo.

O simplemente te levantaste una mañana en la que no tenías fuerzas.

Todo eso cuenta.

Porque antes de aprender a creer en ti, necesitas empezar a reconocer todo lo que ya haces.

Ahora quiero leerte.

¿Cuál de estas cinco señales sentiste que describía mejor lo que estás viviendo hoy?

Recuerda: reconocerlo no es una derrota. Es el primer paso para volver a mirarte con el amor y el respeto que siempre has merecido.

cards
Powered by paypal

¿En qué momento dejaste de ser la protagonista de tu propia vida?


Hubo un tiempo en que soñabas.

Quizás imaginabas el trabajo que tendrías, los lugares que conocerías, el emprendimiento que algún día crearías o simplemente una vida donde te sintieras feliz y en paz.

Después llegaron las responsabilidades.

Ser mamá cambió muchas cosas. Tu corazón se llenó de un amor inmenso, pero también de tareas, horarios, preocupaciones y decisiones que parecían no terminar nunca.

Y con ese amor también llegaron noches largas sin dormir, cuando tus hijos se enfermaban y te quedabas en vela, tocándoles la frente una y otra vez para asegurarte de que la fiebre bajara, con esa angustia silenciosa de no poder relajarte ni un segundo. O cuando crecieron y se volvieron adolescentes, empezaron a salir, y aunque les dijeras que todo estaba bien, no podías estar tranquila hasta que escuchabas la puerta abrirse de nuevo y sabías que habían llegado a casa.

Incluso en medio de todo eso, la vida de pareja también trajo sus propias cargas. Problemas, discusiones o distancias que te dejaban la mente ocupada, dándole vueltas a lo mismo una y otra vez, sin poder concentrarte en tu trabajo, sintiendo que por dentro estabas desgastada, como si esa angustia constante no te dejara avanzar ni respirar con claridad.

Sin darte cuenta, comenzaste a poner las necesidades de todos antes que las tuyas.

Primero eran los hijos.

La pareja.

La familia.

Luego la casa.

Después el trabajo.

Las cuentas.

Y tú… quedaste para «cuando hubiera tiempo».

Con el paso de los años, muchas mujeres llegan a mirarse al espejo y sienten que algo cambió. No porque hayan dejado de ser valiosas, sino porque hace tanto que cuidan de todos, que olvidaron cuidar de sí mismas.

Quizás todavía sonríes. Cumples con tus responsabilidades. Haces lo que hay que hacer.

Pero por dentro sientes un vacío difícil de explicar.

Te preguntas cuándo fue la última vez que hiciste algo solo porque te hacía feliz.

Cuándo fue la última vez que te sentiste orgullosa de ti.

Cuándo dejaste de creer que también merecías cumplir tus propios sueños.

La buena noticia es que nunca es demasiado tarde para volver a encontrarte.

No necesitas abandonar a tu familia para volver a ser tú.

No necesitas esperar a que los niños crezcan, a tener más dinero o a que aparezca el momento perfecto.

Solo necesitas recordar que tú también eres importante.

Cuando una madre se cuida, no está siendo egoísta.

Está enseñando con su ejemplo.

Está mostrando a sus hijos que el amor propio también forma parte del amor por la familia.

Recuperar tu lugar como protagonista de tu historia no sucede de un día para otro.

Empieza con decisiones pequeñas.

Con cinco minutos para ti.

Con un libro.

Con una caminata.

Con aprender algo nuevo.

Con volver a creer que tus sueños siguen teniendo un lugar en esta etapa de tu vida.

Hoy quiero hacerte una invitación muy sencilla.

Haz una pausa por unos minutos y responde esta pregunta con total sinceridad:

¿En qué momento dejaste de elegirte a ti misma?

No importa cuánto tiempo haya pasado.

Hoy puede ser el primer día de una nueva historia.

Y esta vez, quiero que tú también seas uno de los personajes más importantes.💖

cards
Powered by paypal

La naturaleza: sublime inspiración


¿Playa o montaña? ¿Qué prefieres? ¿Por qué?

Si de preferencia hablamos, diría playa porque es lo que conozco de momento pero también me encanta ver paisajes de montañas nevadas como los alpes suizos. Pienso que debe ser toda una hermosura estar ahí y contemplarlo de cerca. Aunque no sería como para vivir. De preferencia me gusta el campo. Vivir llena de verde por doquier, árboles, jazmines y flores. Pero esta vez el contraste es playa o montaña.

Elijo playa. ¿Por qué? Porque me encanta observar el horizonte entre el cielo y el mar. El amanecer o el atardecer. Me da paz. Me hace sentir la inmensidad de nuestro planeta. Entrar al agua y caminar hasta que me llegue a los hombros, quedarme un momento (siempre con el agua calmada, jaja) y pensar en lo grandioso del mar y su creador. Cuando estás ahí, te das cuenta de lo chiquito que eres. Por un momento el tiempo y el espacio desaparecen y eres tú sola existiendo. Se expande el espíritu y sientes la conexión con la grandeza. No lo puedo explicar en palabras. ¡Me encanta el agua! Y a su vez me da temor. Enseguida que me despierto, por decirlo así y tomo consciencia de donde estoy, vuelvo para la orilla. Pero ese momento es sublime.

La libertad que me hace sentir el contacto con el mar me encanta. Sentir mi espíritu, que estoy viva, que hay un ser poderoso que me cuida y se interesa por mí (este ser tan chiquito e insignificante), me llena de orgullo.

Y a tí, ¿qué te gusta más?